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viernes, octubre 22, 2021
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Movilidad infantil en ciudades Latinoamericanas

Así mismo, si a esto le sumamos incorporar la movilidad activa como un hábito desde la primera infancia, los beneficios serían muchísimos mayores, entre los cuales destacan el desarrollar un sentido de orientación, la interacción con el ambiente tanto natural como construido, medida de prevención de obesidad infantil, sentimiento de libertad e inculcar un sentido de responsabilidad con el planeta.

Llega a ser cotidiano, en países del hemisferio Norte, ver postales de niños que se trasladan desde sus hogares hacia sus centros educacionales usando alguna forma de transporte activo. La principal razón de ésta ya acostumbrada y aceptada forma de transporte por infantes es la presencia de una adecuada infraestructura vial con enfoque en modos activos de transporte, esquinas peatonalizadas y bien señalizadas, y un mayor respeto del vehículo hacia el peatón o ciclista, sin importar la edad del mismo.

Esta invitación de la ciudad por formas más limpias y saludables de moverse hace que a los niños se les vea felices compartiendo con sus pares, haciendo ejercicio no solo en días de verano y agradable clima sino también en días de invierno con lluvia y nieve. Contrario, en gran parte del hemisferio Sur, muchas ciudades y centros poblados, hay niños con las ganas y motivación de moverse en bicicleta, caminando u otra forma de transporte activo, pero la falta y/o incipiente infraestructura para esta forma de movilidad convierte estas intenciones en solo eso, intenciones.

¿Qué pasa en nuestras ciudades Latinoamericanas? Desde el frío a la falta de oportunidades para la infancia.

El caso de Coyhaique

Coyhaique es una ciudad de un poco más de 50.000 habitantes, capital regional de Aysén, ubicada a 1.700 km al sur de Santiago, en el corazón de la Patagonia Chilena. Coyhaique es una ciudad pequeña, que de extremo a extremo tiene 3km de distancia, con increíbles vistas a un imponente cerro Mackay y con agradables temperaturas estivales. Estas características hacen pensar que es una ciudad soñada para moverse en bicicleta pero, lamentablemente, no es así.

Coyhaique, por su latitud, posee un clima con temperaturas bajo cero en invierno con presencia de nieve y hielo y mucho viento en estaciones de verano y primavera. Así mismo, se aprecia una alta contaminación atmosférica debido al excesivo uso de leña como fuente de energía. Si a estas condiciones le agregamos la falta de una adecuada infraestructura para el ciclista, con ausencia de una red de ciclovías que asegure un desplazamiento seguro, segregado del automóvil y del peatón, vemos la postal de infantes, desplazándose a sus establecimientos educacionales, aún más lejana de lo que se quisiera para lograr una inserción temprana de esta forma de movilizarse.

Coyhaique no tardó mucho tiempo en separarse de las otras localidades regionales que sí, siendo más pequeñas, han permitido mantener un hábito de desplazamientos en bicicleta durante la infancia.

De esta forma se acerca más a los mayores centros poblados de Chile cuya partición modal de transporte, se refleja en la infraestructura urbana que está dedicada exclusivamente a ellos.

En Coyhaique hay solo 2,7 km. de ciclovías, las cuales se establecen en los sectores extremos de la ciudad. El 60% de esas ciclovías tiene un fin netamente recreativo (ver imagen 01), donde es común ver niños y adultos haciendo uso de la ciclovía. En el resto de la ciudad, salvo algunas pequeñas plazas, no es posible verlos.

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