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Corea del Sur en el tiro con arco siempre se llevan el oro ¿Cuál es la razón?

Pocas disciplinas olímpicas viven una dictadura como la que instauró hace años Corea del Sur en el tiro con arco. En los Juegos de Río, acaparó los cuatro oros en liza y su dominio es extraordinario en categoría femenina: desde 1984, sólo una vez no ganó el oro en individual y en equipos se los han llevado todos desde Seúl en 1988. Si el país ocupa el decimotercer lugar en el medallero olímpico con 264 metales, se debe al judo (43) y a la buena puntería de sus arqueros (39, 23 de ellas de oro).

El origen de la superioridad surcoreana podría remontarse a la ancestral tradición del tiro con arco a caballo, pero para entenderla quizás bastaría con visitar una de las 141 escuelas de primaria que cuentan con clubes de un deporte que allí goza de un estatus semejante al del fútbol. Los niños comienzan a practicar a los tres años. No con arco, que pesa demasiado para ellos, sino con una banda elástica con la que irán aprendiendo técnica. Después la pulirán en la educación secundaria, en la superior, en las empresas o en el ejército, que cuentan con clubes.

Lo importante es mecanizar un tiro. Bonito o feo, el que sea, pero conseguir que la flecha vaya siempre al mismo sitio

Iria Grandal, arquera olímpica en Londres 2012

«Lo importante es mecanizar un tiro. Bonito o feo, el que sea, pero conseguir que la flecha vaya siempre al mismo sitio. Para lograrlo, hay que entrenar mucha técnica», cuenta Iria Grandal, olímpica en los Juegos de Londres en 2012, donde cayó en dieciseisavos de final, cómo no, ante una surcoreana. La principal diferencia con España es la mentalidad: «A un niño español le pones con la goma esa durante horas y a los dos días no quiere volver».

El método surcoreano se basa de inicio en el control corporal más que en dar en el blanco. «El dominio de las habilidades fundamentales», como dice Kim Hyung-Tak, autor de ‘The archery book’, la biblia del tiro con arco, y legendario entrenador cuya escuela es visitada por numerosos extranjeros deseosos de mejorar. Es tal el nivel de técnicos que en los Juegos de Río 10 países llevaban seleccionadores surcoreanos.

Grandal disfrutó de uno de ellos justo cuando acudió a los de Londres. Hyung-Mok Cho cambió la forma de trabajar y el nivel comenzó a subir, pero nunca ha podido acercarse a la profesionalización de la gran potencia. «Aquí se tira por gusto y en Corea es un trabajo», dice Grandal, que se encontró en la habitual coyuntura de tener que elegir entre el deporte y el empleo. Se decantó por lo segundo: «Cuando se empieza a entrenar nueve horas al día, es imposible compatibilizar los dos».

En España se tira por gusto y en Corea es un trabajo. Cuando se entrenan nueve horas al día es imposible compatibilizar deporte y empleo

Iria Grandal, arquera olímpica en Londres 2012

Es una de las razones por las que en un deporte en el que la edad no es relevante, España suele acudir a los campeonatos con tiradores muy jóvenes. Grandal tenía 24 años en 2012. La representación española en Tokio estará formada por Inés de Velasco, de 19, y Daniel Castro, de 24, que participarán tanto en individual como en la nueva modalidad de mixtos. Otra opción de medalla para los coreanos.

España y el déficit de experiencia

España parte con ese déficit de la veteranía. «Se premia tener experiencia para combatir los nervios y el estrés. La parte psicológica es fundamental. Todos los que compiten en una gran cita internacional están capacitados para hacer 10-10-10, pero decide el no arrugarse», opina Grandal. Cuando cada flecha es como el quinto penalti de una tanda, lo que más pesa es el factor mental.

Eso también se entrena en Corea del Sur, donde monitorizan el cerebro de los tiradores. También tratan de imitar las condiciones de la competición incluso utilizando ventiladores que provoquen el efecto del viento. Antes de los Juegos de 2016, hubo entrenamientos en un espacio idéntico al Sambódromo de Río y en estadios de béisbol a rebosar de aficionados. Todo para tratar de sumergirse en el día D y que nada resulte extraño, aunque en estos Juegos del silencio casi todo lo va a ser.

Para explicar el dominio de Corea del Sur en tiro con arco se recurre a veces a los mitos: la sensibilidad de las manos de las mujeres, su dominio de los palillos con los que comen, de acero delgado y resbaladizo, el trabajo con el kimchi, una tradicional comida en la que se aplasta durante horas una masa de pimiento… «Leyendas», se ríe Grandal, que achaca el éxito al trabajo compulsivo y a una inagotable cantera. Para un arquero surcoreano puede ser más sencillo ganar el oro que lograr la clasificación para los Juegos a través de sus torneos nacionales: «Cuando me entrenaba Cho, traía resultados de campeonatos júniors surcoreanos y con mi mejor marca yo habría quedado sobre el puesto 100″.

Fuente: Marca

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