En cinco capítulos de una hora, la miniserie de HBO muestra con precisión y emotividad las consecuencias expensivas que un error humano tuvo en la población y en todo un régimen.
En la última escena del primer capítulo de la miniserie Chernobyl, un pájaro cae desplomándose en el concreto como presagio de lo que el desastre radiactivo más grande de la historia traerá en los habitantes de Prípiat (al norte de Ucrania), ciudad donde se localiza la planta de energía nuclear Vladímir Ilich Lenin y que el 26 de abril de 1986 vio explotar a uno de sus tres reactores.
La primer serie dramática del guionista y productor Craig Mazin hace una meticulosa recreación de las medidas tomadas por los trabajadores de la planta y de la manera en que el entonces régimen soviético trató de minimizar la magnitud del problema, poniendo la reputación del Estado por encima de la seguridad de los pobladores en riesgo por las emisiones radioactivas.
El actor británico Jared Harris interpreta al químico Valery Legasov, encargado de investigar las razones del accidente y buscar una solución al problema con ayuda de la científica Ulana Khomyuk (Emily Watson), un personaje ficticio que representa a la comunidad científica de entonces. El sueco Stellan Skarsgård es Boris Shcherbina, el ministro enviado por el presidente Mikhail Gorbachev (David Dencik) a contener la crisis de imagen que en plena Guerra Fría ponía en riesgo la reputación del bloque soviético.
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