El talonario de Disney consiguió licencias para las canciones más reconocibles de la tienda de discos, pero eso no es necesariamente bueno para la película.
Cuando Sean Bailey, actual presidente de producción de Walt Disney Studios, se acercó al director Craig Gillespie para tantearle con el objetivo de que se hiciera cargo del proyecto de película de orígenes para Cruella de Vil que se les estaba atascando, tenía algo muy claro. Quería que el filme estuviera dotado de espíritu musical.
Antes de que él llegara a Cruella el proyecto llevaba unos cuantos guionistas a sus espaldas y acababa de perder a Alex Timbers como director. Teniendo en cuenta su historial dirigiendo musicales de Broadway, parece que la idea de Disney estaba clara y solo les faltaba encontrar a un cineasta en su misma frecuencia musical.
Por supuesto, ese era Craig Gillespie, acompañado por Susan Jacobs, la supervisora musical de cabecera de David O. Russell (El lado bueno de las cosas, La gran estafa americana) y Jean-Marc Vallée (Alma salvaje, Big Little Lies; por la que ganó un premio Emmy). Jacobs, que también está detrás de la selección musical de otra mix-tape reciente incontestable como Una joven prometedora, había trabajado con Gillespie en Yo, Tonya, así que sabía exactamente lo que se iba a encontrar.
Tal y como ha relatado en entrevistas el propio Gillespie, su proceso consiste en rodar con las canciones ya en mente –o sonando por el móvil en el plató–, aunque luego no consiga los derechos para ese tema en concreto. “Llego al set con cientos de canciones en el móvil”, cuenta el director. “De esas a las que ningún supervisor musical ni siquiera se quiere acercar por el precio que tienen: los Rolling Stones, The Doors, Queen…”.
Solo que, en el caso de Cruella, Gillespie y Jacobs contaban con el talonario de Disney. No se ha especificado cuánta parte de los 200 millones de dólares de presupuesto del filme ha ido destinada a pagar por licencias musicales, pero las más de 30 canciones ultrarreconocibles que suenan en la película (y que puedes escuchar en su banda sonora oficial) no son precisamente baratas. Y eso sin contar la versión de Call Me Cruella que hacen Florence + The Machine como tema oficial del filme.
La mayoría de las canciones de Cruella son directamente la primera opción de Gillespie, la que pensaba que era inalcanzable. ¿Cuál es el problema de esa facilidad de acceso? Que el discurrir musical de la película es una continua sucesión de temazos tan reconocibles y ultrapopulares como obvios.
En vez de rastrear composiciones más desconocidas con un efecto similar, se ha apostado por sumir a los espectadores en una suerte de greatest hits radiofónicos que a veces consiguen su propósito al arropar las imágenes y otras muchas suenan como elecciones facilonas y desaprovechadas.
Vamos a repasar algunos ejemplos de cada una de esas categorías teniendo en cuenta que podrían ser fácilmente otros; la banda sonora es tan prolija que da muchas opciones.
5 aciertos de la banda sonora de ‘Cruella’
Entendiendo por acierto no necesariamente que la canción en cuestión sea más sorprendente, sino que su aparición en la película resulte agradable y apropiada sin caer en la pereza ni el bochorno.
Five to One, The Doors. Es el caso de este nada desconocido temazo de los Doors, que cerraba su álbum Waiting for the Sun, y que acompaña la entrada en escena a cámara lenta de la Baronesa de Emma Thompson con una fuerza que te hace pensar que Jim Morrisonva a salir del coche. Si queda tan bien puede ser porque esta era una de esas primeras opciones que Gillespie ni soñaba siquiera que pudiera conseguir.
Watch the Dog that Bring the Bone, Sandy Gaye. He aquí un buen ejemplo de recuperación de una canción añeja (extraída de un recopilatorio de funk y soul de finales de los años 60) que además encaja a la perfección con la película (temática canina) y queda perfecta en la secuencia en la que se ha montado: la huida de la policía de las versiones infantiles de Estella, Jasper y Horace por las calles de Londres. ¡Así, sí!
She’s a Rainbow, The Rolling Stones. De nuevo, no estamos ni mucho menos ante una decisión atrevida, pero se nota que Gillespie quiso darle a esta preciosidad un lugar de honor en el filme usándola para la secuencia de montaje que nos muestra el crecimiento de Estella, la primera aparición de Emma Stone y el desarrollo de sus actividades delictivas junto a sus amigos. Además, y no poco importante, el director permite que la canción suene durante un tiempo, un privilegio que no tendrán otros temas igual de top (¿verdad, Bowie?).
Love Is Like a Violin, Ken Dodd. Ese problema suele repetirse a menudo en la banda sonora de Cruella: cuando aparece alguna canción interesante tampoco se le da mucha primacía. Es lo que ocurre con este single melodioso del polifacético Ken Dodd, que suena mientras Estella prepara su último golpe textil contra la Baronesa y le lleva una pieza estrella para su colección verdaderamente envenenada. Puede que sus notas se pierdan entre los demás hitazos, pero gracias por tenerlo en cuenta.
Car Wash, Rose Royce.Hay que reconocer que un poquito más de soul parece la música perfecta para el secuestro de tres dálmatas que están recibiendo un baño de espuma. Bien por Jasper y Horace, que además de llevar el plan a cabo tienen el mejor ritmazo para acompañar sus atolondradas acciones.
Fuente: Cinemanía


