Guimo gana el James Dyson Award México 2026
Guimo, un sistema modular de soporte postural para niñas y niños con parálisis cerebral desarrollado por estudiantes del Tec de Monterrey, ganó el James Dyson Award México 2026 y avanzará a la etapa internacional del concurso.
El proyecto tiene una conexión directa con Querétaro: nació a partir del acercamiento de sus creadores con familias atendidas en el Centro de Rehabilitación Integral de Querétaro (CRIQ), cuyas experiencias ayudaron a identificar la necesidad de contar con una solución adaptable al crecimiento de los niños.
¿Qué es Guimo y cómo funciona?
Guimo es un sistema de asiento modular diseñado para proporcionar soporte postural a niños con parálisis cerebral de entre 5 y 11 años.
La propuesta busca resolver un problema concreto: los niños crecen, pero los sistemas especializados de soporte postural pueden dejar de ajustarse a sus necesidades.
En lugar de utilizar una estructura fija, Guimo incorpora módulos que pueden añadirse, retirarse y cambiar de posición conforme crece el usuario.
Su diseño está inspirado en la columna vertebral.
Cada módulo se conecta mediante un sistema de tuerca y tornillo que funciona como eje. La posición puede ser ajustada por un fisioterapeuta y posteriormente fijada de acuerdo con las necesidades posturales del niño.
Puede instalarse sobre diferentes sillas
Una de las características centrales del proyecto es su portabilidad.
Guimo puede sujetarse mediante correas a distintos tipos de sillas y cuenta con soportes ajustables para la cabeza.
Esto permitiría utilizar un mismo sistema en diferentes espacios cotidianos, en lugar de depender exclusivamente de una silla postural especializada.
El proyecto utiliza además piezas disponibles comercialmente y herrajes estándar como parte de su intención de desarrollar una alternativa más accesible.
La idea surgió de familias atendidas en el CRIQ
El origen de Guimo acerca el premio internacional a Querétaro.
Sus creadores, Midori Estefanía Uehara García, Judith Gutiérrez Rodríguez y Diego Díaz Barriga Chávez, explican que una de sus principales fuentes de inspiración fueron las familias que conocieron en el Centro de Rehabilitación Integral Querétaro.
El contacto con padres, cuidadores y niños permitió al equipo comprender los desafíos relacionados con postura, movilidad, crecimiento y uso cotidiano de los sistemas especializados.
A partir de esa experiencia comenzaron a desarrollar diferentes propuestas y prototipos.
Guimo todavía es un prototipo
El reconocimiento del James Dyson Award no significa que Guimo ya sea un producto médico disponible comercialmente.
El proyecto continúa en desarrollo.
Sus creadores elaboraron inicialmente modelos de cartón y madera, después trabajaron con diseños CAD y finalmente construyeron un primer prototipo funcional utilizando una placa de polipropileno de nueve milímetros cortada mediante CNC.
Ese prototipo permitió realizar pruebas con niños y cuidadores. El equipo trabaja actualmente en un segundo prototipo que incorpora modificaciones derivadas de esas experiencias.
Esta distinción es importante: el premio reconoce el diseño y potencial de la solución, pero no equivale a una certificación sanitaria ni demuestra por sí mismo eficacia clínica.
¿Qué sigue para Guimo?
El equipo planea continuar desarrollando módulos especializados y hacer que el sistema pueda utilizarse también con sillas de ruedas y otros medios de transporte.
Otra de sus metas es crear una versión de mayor tamaño para adolescentes y adultos.
A largo plazo, los estudiantes plantean comercializar Guimo como una alternativa para uso doméstico.
Como ganador nacional del James Dyson Award, el proyecto recibe 118 mil 300 pesos, de acuerdo con la convocatoria oficial del concurso.
Los recursos buscan ayudar a los equipos ganadores a continuar el desarrollo de sus propuestas.
Nuva busca detectar dos infecciones desde casa
México tendrá otros dos proyectos en la siguiente etapa.
Uno es Nuva, desarrollado por Carol Olmos, Arlet Arizdelcy Apanecatl Olvera y Ana Paola Muñoz Valdivia, también del Tec de Monterrey.
La propuesta consiste en un dispositivo con forma de dedal diseñado para realizar desde casa pruebas relacionadas con vaginosis bacteriana y tricomoniasis.
El sistema analiza señales biológicas mediante una tira enzimática y genera cambios visibles de color.
Nuva se encuentra todavía en etapa de desarrollo y validación. Entre los siguientes pasos planteados por el equipo están continuar las pruebas, avanzar hacia los procedimientos regulatorios correspondientes y realizar ensayos clínicos.
Por ello, tampoco debe presentarse actualmente como una prueba diagnóstica comercial o como sustituto de una valoración médica.
Zoom convierte residuos electrónicos en microscopio
El segundo finalista mexicano es Zoom, creado por María Cristina Castro Baños, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Se trata de un microscopio educativo portátil que utiliza lentes recuperadas de cámaras de teléfonos celulares y punteros láser desechados.
Las lentes se combinan con iluminación LED y una estructura modular fabricada mediante impresión 3D.
Su objetivo no es sustituir los microscopios profesionales, sino facilitar el acceso a experiencias de observación científica en escuelas y comunidades con menos recursos.
El proyecto también explora una segunda dimensión: reutilizar componentes provenientes de residuos electrónicos para fabricar herramientas educativas.
Tres proyectos mexicanos avanzan a la fase internacional
Guimo, Nuva y Zoom continuarán ahora en el proceso internacional del James Dyson Award 2026.
Ingenieros de Dyson evaluarán los proyectos seleccionados en los diferentes países y elegirán una lista de 20 finalistas internacionales, que será anunciada el 14 de octubre.
Los ganadores internacionales y del premio de sostenibilidad serán anunciados el 4 de noviembre.
El ganador internacional recibirá un premio de 709 mil 760 pesos, de acuerdo con los montos publicados actualmente por el concurso para México.
De una necesidad detectada en Querétaro al escenario internacional
La relevancia de Guimo no está únicamente en haber obtenido un premio.
Su historia muestra un proceso de innovación que comenzó observando un problema cotidiano: familias que necesitan soluciones posturales capaces de acompañar el crecimiento de sus hijos.
Desde el CRIQ de Querétaro, esa necesidad llegó a las mesas de diseño de tres estudiantes y terminó convertida en un prototipo que ahora competirá internacionalmente.
El siguiente desafío será más complejo que ganar la etapa mexicana: validar el dispositivo, demostrar su seguridad y utilidad, conseguir que pueda fabricarse a un costo realmente accesible y eventualmente llevarlo de un prototipo a una solución disponible para las familias que inspiraron su creación.


