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miércoles, agosto 17, 2022
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Los sanfermines celebran su cuarto encierro sin corneados

(AP) — Los amantes de las emociones evitaron el domingo las cornadas por cuarto encierro consecutivo en las Fiestas de San Fermín de Pamplona.

El reporte preliminar de Cruz Roja y el hospital de la ciudad indicaron que cuatro personas habían necesitado tratamiento hospitalario por caídas fuertes en el encierro de la mañana. Al menos un joven tuvo que ser evacuado a una ambulancia en camilla y con collarín.

Los seis toros tardaron dos minutos y medio en recorrer los 875 metros (956 yardas) a través del casco viejo de Pamplona. Se mantuvieron en una manada unida con los seis bueyes mansos que los acompañaban.

El recorrido termina en la plaza de toros, donde los toros son sacrificados por la tarde por toreros profesionales. Activistas de derechos de los animales han hecho campaña contra la matanza de los animales, pero las corridas aún son populares entre parte de la sociedad española y siguen siendo un pilar de las Fiestas de San Fermín.

En los primero tres encierros de este tampoco hubo lesiones por asta de toro. Quedan cuatro días.

Ocho personas fueron corneadas en 2019, la última edición de los sanfermines antes de un parón de dos años debido a la pandemia del COVID-19. Dieciséis personas han muerto en los encierros de Pamplona desde 1910, el último en 2009.

Decenas de miles de visitantes extranjeros acuden a las fiestas, popularizadas en el mundo anglosajón a través de la novela “Fiesta” de Ernest Hemingway, de 1926.

Los participantes de los encierros, unos pocos miles de personas, están divididos entre expertos locales que intentan correr por delante de los toros y visitantes que a menudo tienen suerte si escapan de situaciones de peligro.

Las estrechas calles de adoquines se rocían con una sustancia para evitar resbalones, especialmente en las curvas. Aun así, se producen montones de corredores que tropiezan unos con otros mientras tratan de apartarse del camino.

Sólo la buena suerte, o la generosidad de los toros, evita que muchos acaben corneados.

Miles de personas siguen el acontecimiento desde los balcones o llegan antes del amanecer para conseguir sitio en las barreras que limitan el recorrido. Casi todo el mundo viste el atuendo tradicional de camisa y pantalón blanco, con fajín y pañuelo rojos, con camisetas ocasionales de fútbol entre los corredores.

La rápida persecución por las calles se ve seguida por celebraciones en las que la gente bebe, come, asiste a conciertos y sale hasta tarde.

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