Cuando las primeras manchas de petróleo aparecieron próximas a una ciudad costera del noreste de Brasil, empezaron las corridas en la oficina de la Agencia France-Presse en Río de Janeiro. ¿Dónde se halla esa ciudad? ¿A cuántos kilómetros está de la capital del estado en el que se encuentra? ¿Conocemos algún fotógrafo en la zona?
Los primeros días, las respuestas fueron poco alentadoras. Desde su aparición el 30 de agosto en el estado de Paraíba, la mancha de petróleo se había extendido a nueve estados, había contaminado playas paradisíacas, arrecifes y manglares. La fauna también había sufrido los efectos con tortugas empantanadas y otros animales marinos dañados.
Un petrolero de bandera griega fue señalado por Brasilia como “el principal sospechoso” de la contaminación, que habría comenzado el 29 de julio a 700 km del litoral. Pero ya a mediados de noviembre, con la temporada estival que se aproxima, aún se desconoce la causa del derrame, que ya recorrió más de 2.200 km, bajó a lo largo del estado de Bahía y se mostró en Espírito Santo, al norte de Rio de Janeiro.
Rápidamente, en los primeros días de septiembre, fotos y videos inundaron las redes sociales, pero en la mayoría de los casos era casi imposible certificar su autenticidad y encontrar al autor.
Las agencias de protección ambiental y los institutos de investigación fueron los primeros en ofrecer imágenes confiables a la AFP.
Estas imágenes, que tuvieron el mérito de llenar los blancos de la cobertura, no bastaban para contar la historia de esta tragedia ambiental.
La mayoría de los fotógrafos de prensa, por razones del mercado laboral, están basados en las capitales de los estados brasileños y el petróleo llegaba a zonas cada vez más alejadas de esas ciudades, en un país de dimensiones continentales.
INFO: AFP


