Ernesto R. trabaja en el Hospital General de Zona 29 en San Juan de Aragón, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), hasta ayer, él y sus compañeros estaban reuniendo dinero para mascarillas N95, googles, y cajas de cristal que se colocan sobre el paciente al momento de intubarlo, para evitar que los médicos también se contagien.
“No se tiene claro quién necesita la N95, los directivos la traen, los pasantes. Cuando nos enfrentemos al paciente grave, ya no va a haber. Ya no traemos bata blanca. Nos cambiamos en la entrada de la casa, y muchos mandaron a sus hijos con sus abuelos”, cuenta el especialista sobre lo que se vive en la sala de urgencias.
Los hospitales más grandes y que son emblema del sector salud, como el Hospital La Raza, tampoco lo tienen todo. Ramiro P., un anestesiólogo en ese centro, dice que él ha tenido que comprar su propias mascarillas N95. Ya pidió 20 y le costaron 3,200 pesos. Dice que lo hizo porque en el hospital sólo ofrecen dos y eso no es suficiente.
Fernanda M., quien trabaja en uno de los hospitales del IMSS que fue catalogado como Centro COVID, explica que incluso han tenido que comprar su propio material. Un cubrebocas N95, como es el que recomiendan, lo están adquiriendo hasta por 150 pesos, mientras que las mascarillas en 1,000 pesos. Su vida útil es hasta de un día, sin que haya está expuesto a contagio un sospechoso.
FUENTE: EXPANSIÓN


