Una exhibición rematadora de Cristiano Ronaldo, otra vez ante el Atlético, clasifica a la Juve y deja fuera a los de Simeone de la Liga de Campeones en una noche durísima para el Atlético. El portugués marcó los dos primeros de cabeza y el tercero de penalti para dar el pase a un equipo comandado magistralmente por Pjanic y Bernardeschi.
Esa vieja guardia del Cholo se había encargado de acaudillar aquel primer encuentro, pero, como prácticamente todas las batallas de la última guerra se han afrontado con la tropa diezmada, la de Turín no iba a resultar excepcional en ese sentido.
Por unas razones o por otras, sin Filipe, Thomas y Costa. Por unas razones o por otras, con Arias, Lemar y Morata. Si el nuevo Atlético quería un escaparate para exhibirse, lo cierto es que fracasó en el empeño de forma estrepitosa.
Ahora todo es cuestión de tiempo, que es justo lo que ya no tienen algunos de los que este martes defendieron la rojiblanca. A morir los míos mueren, dijo una vez Simeone. Algo murió esta vez en el feudo de la Vecchia Signora.
Individualizar llevaría a eternizar la presente crónica, pero Lemar y Correa sirven como metáfora perfecta de que, por malo que ya fuera, todo podía empeorar.
Porque si el rendimiento del galo lanzó el enésimo puñado de dudas sobre el esfuerzo que se hizo para contar con sus servicios, torpe con el balón, humillado por Bernardeschi sin él, la aparición del argentino en su puesto derivó en una agónica carrera con el maravilloso 33 de la Juve, al que fue incapaz de superar pese a que llevaba mucho menos tiempo sobre el pasto.
Tampoco le hizo fuera del área la falta que demandaba la acción y que sí le hizo dentro. En cuanto ambos ingresaron, las cosas como son, buena parte del personal rojiblanco supo cómo terminaba aquello. Angelito es así.
También podía imaginarse que, hecho el primero y hecho el segundo, Cristianoharía el tercero. Es la especialidad de la casa y el portugués sabía que se le había fichado para un partido como éste. Dos cabezazos, la pena máxima… y a cuartos.
El muchacho presume de sus Champions y anda en el empeño de aumentar el botín. Para ello, inteligente, se ha rodeado de un grupo que se las sabe todas. La lección de Chiellini resultó tremenda en ese sentido: arbitró el partido colgado de la chepa del colegiado, arengó a la afición cuando su equipo notó la fatiga, se merendó a los puntas, desaparecido Griezmann, inoperante Morata… sólo le faltó picar los billetes. Fuente: MARCA


