México atraviesa un periodo histórico en la captación de inversión extranjera directa, impulsado por la relocalización de las cadenas de suministro o nearshoring. Sin embargo, este flujo de capital global enfrenta una barrera crítica en el tejido empresarial local: la falta de estructura financiera en las pequeñas y medianas empresas (PYMES) para integrarse con éxito a la dinámica transfronteriza.
A pesar de que el INEGI reporta que estas unidades representan más del 99% de las compañías del país, generan el 70% del empleo formal y aportan el 52% del PIB nacional, menos del 10% participa en exportaciones.
El costo de la ignorancia transfronteriza
El rezago de las PYMES no responde a una falta de capacidad comercial o de manufactura, sino a un desconocimiento estructural de la arquitectura financiera internacional. Datos de Bancomext y la OCDE revelan que más del 60% de estas empresas carece de claridad sobre el impacto real de operar con multidivisas, lo que se traduce en fugas de capital silenciosas durante la operación diaria:
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Efecto cambiario: El spread o diferencial cambiario en la banca tradicional llega a mermar entre el 2% y el 5% del valor total de cada transacción.
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Comisiones ocultas: Las transferencias mediante bancos intermediarios internacionales imponen costos fijos de entre 20 y 50 dólares por movimiento.
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Tiempos de espera: Los periodos de liquidación que oscilan entre 3 y 7 días hábiles estrangulan el flujo de efectivo operativo.
“El problema no es comercial, es estructural: muchas empresas no modelan el flujo financiero completo antes de cerrar una operación, y ahí es donde empiezan a perder dinero sin darse cuenta”. — Michel Domínguez Morales, directivo de Remzy.
Estas ineficiencias logístico-financieras, sumadas a los rechazos por documentación incompleta o conversiones forzadas de divisa, provocan que los márgenes de utilidad proyectados originalmente en un 20% caigan a menos del 10%, comprometiendo la rentabilidad del negocio por el simple incremento en el volumen de venta.
De soporte operativo a ventaja competitiva
Para que el crecimiento derivado del nearshoring no se concentre de forma exclusiva en los grandes corporativos, los especialistas urgen a las PYMES a adoptar un enfoque de gestión de tesorería mucho más estratégico y digitalizado.
Pilares para la transición financiera:
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Modelado integral: Proyectar la ruta completa de costos (logística, impuestos, comisiones) antes de la firma de contratos.
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Mitigación del riesgo cambiario: Implementar coberturas o herramientas que amortigüen la volatilidad de las divisas.
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Desintermediación: Utilizar plataformas que reduzcan el número de corresponsales bancarios en pagos transfronterizos.
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Trazabilidad en tiempo real: Incorporar soluciones digitales que den visibilidad sobre el estatus de los fondos de punta a punta.
La adopción de infraestructura financiera avanzada está dejando de ser un área de soporte administrativo para convertirse en la verdadera ventaja competitiva que determinará qué empresas nacionales logran escalar e institucionalizarse de cara al cierre de la década.


