La transición de las zonas metropolitanas hacia el modelo de ciudades inteligentes (Smart Cities), la masificación de redes de videovigilancia urbana y el debate en torno a la interoperabilidad de los sistemas de respuesta ante emergencias marcan el pulso de la agenda de seguridad pública en la capital del país. Con un inventario que supera las 81,900 cámaras activas bajo el monitoreo del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5), sumado al despliegue adicional de 40,800 dispositivos programado por la administración de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, la Ciudad de México se posiciona como un referente continental en densidad tecnológica de vigilancia. Sin embargo, un análisis de la firma especializada Kabat One advierte que el verdadero desafío no radica en la acumulación de hardware, sino en la continuidad operativa y la homologación de capacidades entre las 16 alcaldías.
Asimetrías territoriales: De la eficiencia de Coyoacán al rezago de Álvaro Obregón
El informe sectorial de Kabat One desmitifica la narrativa política del urbanismo inteligente al evidenciar que el crecimiento de la red de monitoreo avanza a ritmos profundamente dispares, condicionado por los presupuestos locales y el estado en que las administraciones recibieron los centros de mando locales (C2) y las llamadas Bases Plata.
El panorama operativo y delictivo de la capital se configura bajo los siguientes contrastes regionales en este 2026:
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El modelo Coyoacán: Tras la firma de un convenio de coordinación institucional con el C5, la demarcación gobernada por Giovani Gutiérrez reportó una reducción del 27% en la incidencia delictiva de alto impacto. La estrategia combina la recuperación física de módulos de seguridad con la inyección de nuevas cámaras de alta definición.
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La reconstrucción de Álvaro Obregón: Al asumir la gestión, el alcalde Javier López Casarín documentó un severo apagón tecnológico: recibió una Base Plata desarticulada, cientos de cámaras inservibles y menos de 40 patrullas funcionales. Su administración ha tenido que concentrar esfuerzos en reactivar la infraestructura básica latente, logrando encender 700 videocámaras mediante fondos de presupuesto participativo.
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El enfoque BJ360° en Benito Juárez: La alcaldía liderada por Luis Mendoza Acevedo complementa la vigilancia policial del programa Blindar BJ360° con un Plan de Gobierno orientado a la “alcaldía digital”, ampliando el uso de la tecnología hacia la simplificación de servicios públicos, transparencia y gobernanza de datos ciudadanos.
Proyección del Parque Tecnológico de Videovigilancia (CDMX)
El crecimiento de la infraestructura de monitoreo centralizado en la Jefatura de Gobierno exige una rigurosa planeación en el mantenimiento preventivo de postes y botones de pánico:
| Componente de Infraestructura | Inventario Base (2024) | Despliegue Consolidado | Capacidad Total Proyectada |
| Cámaras de Seguridad C5 | 81,900 unidades | 40,800 unidades | 122,700 dispositivos |
“Una ciudad no se vuelve inteligente por acumular hardware, sino por la capacidad de conectar información útil, protegerla y responder mejor ante incidentes. El verdadero avance está en la interoperabilidad y en la confianza que esa tecnología puede generar en la ciudadanía”. — Niv Yarimi, Fundador y Presidente de Grupo Kabat y Kabat One.
Interoperabilidad y gobernanza: El papel de la ADIP
La investigación técnica subraya que la acumulación masiva de datos biométricos y registros fílmicos genera un severo cuello de botella si los sistemas de las alcaldías no logran comunicarse de forma bidireccional con el nodo central del C5. Es en esta frontera de software donde la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP) asume la responsabilidad estratégica de normar la gobernanza tecnológica, ordenando los flujos de información y garantizando el cumplimiento de los protocolos de protección de datos sensibles frente a posibles brechas de ciberseguridad.
Kabat One concluye que para que la etiqueta de Smart City deje de ser un eslogan publicitario y se transforme en una política pública sostenible, el gobierno central debe homogeneizar las capacidades de respuesta. El siguiente nivel de la inteligencia urbana en la Ciudad de México no se medirá por el número de lentes instalados en la vía pública, sino por la resiliencia de la infraestructura existente: asegurar que los botones de pánico transmitan señal en tiempo real, que los postes cuenten con energía ininterrumpida y que la analítica de video se traduzca en detenciones efectivas y carpetas de investigación sólidas ante la Fiscalía, salvaguardando la transparencia y la confianza del tejido social de la capital.


