La prueba de Papanicolaou es realizada por un médico ginecólogo. Normalmente se puede realizar en el mismo consultorio o en cualquier centro de salud. No requiere un equipo demasiado específico y es muy rápida. El procedimiento puede causar una pequeña molestia pero no es doloroso.
Por lo general, esta prueba se acompaña de un examen pélvico, durante el cual el médico realiza un control general para verificar el estado del útero, la vagina y los ovarios.
También pueden examinarse las trompas de Falopio, la vejiga y el recto. Para poder visualizar el interior de esta zona, el médico introduce un espéculo en la vagina de la paciente con el fin de ensancharla.
Una vez que el ginecólogo ha hecho la inspección visual, procederá a extraer una muestra de tejido del cuello del útero. Para hacerlo utiliza un raspador o un cepillo cervical.
A continuación, el especialista coloca esta muestra en una pequeña placa de vidrio y la envía al laboratorio para que sea analizada por los especialistas. Al cabo de unos días, el laboratorio tendrá listos los resultados y la paciente deberá volver a la consulta del médico para su lectura.
La edad a la que una mujer debe someterse al primer examen ginecológico ha sido tema de debate durante mucho tiempo. Hace algunos años, los especialistas recomendaban a las adolescentes hacerse su primera prueba de Papanicolaou a los 16 o 18 años.
Actualmente, los médicos no consideran necesario que una adolescente sana, que no tiene actividad sexual ni síntomas ginecológicos, se someta a un examen pélvico ni a una prueba de Papanicolaou. La edad recomendada para empezar estos controles es de 21 años.
El comienzo de la actividad sexual podría ser un indicador del momento apropiado para iniciar las visitas periódicas al ginecólogo, a menos que antes existan síntomas que puedan indicar un problema.
En efecto, el comienzo de la actividad sexual implica un aumento del riesgo de contraer el virus del papiloma humano (VPH), que en algunos casos puede derivar en cáncer. También aumenta el riesgo de contraer otro tipo de infecciones y virus de transmisión sexual.
Aunque la recomendación general hasta hace poco era que todas las mujeres debían realizarse esta prueba una vez al año, las consignas parecen haber cambiado un poco. En todo caso, es el médico ginecólogo el que decidirá acerca de la regularidad con la que una paciente debe someterse al examen, en función de su situación particular.
La frecuencia dependerá principalmente de la presencia o no de antecedentes familiares o personales de este problema. En caso de que no existan antecedentes ni síntomas particulares y cuando el resultado haya sido negativo por varios años consecutivos (generalmente tres), es probable que el médico decida alargar el plazo entre las pruebas de Papanicolaou.
En ese caso, la recomendación actualmente es que las mujeres de entre 21 y 29 años se realicen una prueba cada tres años. Entre los 30 y los 65 años las mujeres pueden hacerse el examen cada tres a cinco años, dependiendo de su situación particular.
Después de los 65 años, los exámenes periódicos ya no son necesarios. Sin embargo, estos pueden continuar en caso de que existan factores de riesgo como VIH, inmunodepresión o antecedentes de haber sido tratada por este tipo de lesiones.
fuente: mejorconsalud



