(Reuters) – El Gobierno se hará cargo de la nueva refinería con la que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha prometido lograr la autosuficiencia del país en combustibles, ignorando advertencias sobre la presión que el proyecto pondrá sobre las finanzas de la endeudada estatal Pemex.
López Obrador declaró desierta el jueves la licitación para elegir a la empresa encargada del polémico proyecto, alegando que las firmas invitadas -todas extranjeras- a una subasta restringida excedieron el presupuesto de 8,000 millones de dólares y el plazo límite de tres años para concluir la obra.
De acuerdo al nuevo plan, la administración y desarrollo del proyecto en Dos Bocas, en el sureño estado Tabasco, se realizará a través de Pemex bajo la dirección de la secretaria de Energía, Rocío Nahle.
El anuncio generó reacciones negativas de analistas, mientras que la calificadora Moody´s dijo que el que Pemex y la secretaría supervisen el proyecto eleva el riesgo de retrasos y sobrecostos que presionarán las finanzas de la estatal y del gobierno.
“Que las firmas de construcción internacionales que participaron en la licitación (…) consideran que dicho proyecto costará más de 8,000 millones de dólares y tomará más de tres años, se valida nuestra preocupación en torno a que los estimados del gobierno de México fueron optimistas”, dijo Peter Speer, vicepresidente senior de Moddy´s Investors Service.


