(Reuters) – Pese al riesgo de contraer coronavirus, cientos de miles de personas siguen confluyendo día y noche en uno de los mercados más grandes del mundo, desafiando el avance de la epidemia en un foco rojo de la Ciudad de México.
Asentada en la alcaldía con el mayor número de casos de coronavirus en el país, la Central de Abasto, que abarca un área equivalente a 327 campos de fútbol, representa un terreno fértil para la propagación del virus y ha llevado a las autoridades a una disyuntiva: ¿Cómo mantenerla abierta y evitar los contagios?
La respuesta no pareciera nada fácil en el asentamiento en Iztapalapa, al oriente de la capital, que atraía a medio millón de personas al día antes del coronavirus, atestando los pasillos por donde transitan además casi 100,000 personas que ahí laboran, según cifras del propio mercado.
Por el momento, se han redoblado las medidas de protección, pero apenas han testado un mínimo porcentaje de sus trabajadores, por lo que muchos temen que un brote pueda llegar en cualquier momento.
“Después de ver tantos videos, tantas cosas (sobre el coronavirus), a uno le entra pánico. Pero yo sé que estoy en manos de Dios (…) si Dios dice ‘te va a llegar el coronavirus’, me llegará, pero trato de cuidarme”, se lamentó Fernando Torres, uno de los miles de carretilleros que laboran en el mercado.
“El gobierno dice que nos quedemos en cuarentena, ¿y cómo vamos a comer?”, agregó, con una mascarilla de tela sobre la boca, mientras descansaba sentado sobre sacos de legumbres.
Asegurando que la curva de contagios se ha venido achatando en el país de 126 millones de habitantes, el Gobierno se prepara para levantar algunas de las restricciones impuestas tras decretar una “emergencia sanitaria” con el fin de contener el coronavirus que, hasta el sábado, había dejado más de 5,000 fallecidos en el país.


